Por Daniel Gil-Benumeya, entrevistado por Asunción Molinos Gordo y Andrea Pacheco González.
Madrid no es solo la capital de España y el centro geográfico de la península; es la única capital europea actual de origen islámico. Sin embargo, este hecho fundamental de su biografía urbana permanece, para la gran mayoría de sus habitantes y visitantes, oculto bajo capas de mitos fundacionales y silencios institucionales. En su libro Madrid islámico. La historia recuperada, Gil-Benumeya no solo rescata datos arqueológicos, sino que propone una reflexión profunda sobre cómo la identidad nacional española se ha construido, en gran medida, mediante la negación de su pasado andalusí.
Maŷrīṭ: Una fundación en la frontera
La ciudad nació a mediados del siglo IX como una pequeña localidad en la frontera norte de al-Ándalus, denominada Maŷrīṭ (مجريط) en las crónicas árabes. En aquel entonces, Estambul todavía era Bizancio y El Cairo ni siquiera había sido fundado. Durante dos siglos y medio, Madrid fue plenamente andalusí, y tras su incorporación al Reino de Castilla, mantuvo una presencia musulmana significativa durante quinientos años más (mudéjares).
A pesar de esta longevidad, los restos materiales e inmateriales conservados de esta época son «modestos» y, sobre todo, muy desconocidos. Gil-Benumeya señala que esta falta de reconocimiento no es accidental. Existe una «ansiedad» histórica por buscar orígenes romanos o griegos para Madrid, contra toda evidencia científica, simplemente porque resulta difícil aceptar que la capital de la nación española tenga una raíz islámica.
La construcción del «otro» y la negación de la historia
La identidad nacional española se ha forjado históricamente en oposición al islam. El «moro» ha sido el tropo cultural que personifica lo antiespañol, lo que ha llevado a que la etapa islámica de Madrid se dé por erradicada con la conquista leonesa del siglo XI, ignorando los siglos posteriores de convivencia y presencia de mudéjares y, posteriormente, de moriscos.
Gil-Benumeya propone usar la historia no para excluir, sino para realizar una pedagogía de la alteridad.
Gil-Benumeya critica la «compartimentación del saber académico», que divide la historia en periodos estancos, impidiendo ver la continuidad del legado islámico. Su trabajo busca ofrecer una perspectiva de conjunto que abarque desde la fundación de la ciudad en el siglo IX hasta la expulsión de los moriscos en el siglo XVII. Este enfoque es vital para entender que lo islámico no es una «intrusión» externa, sino una parte constitutiva del tejido histórico de la ciudad.

El Madrid de los Austrias y el borrado simbólico
Cuando Felipe II estableció la corte en Madrid en 1561, la ciudad debía transformarse en el símbolo de la monarquía católica, defensora de la fe frente a la Reforma y el islam. Para lograr esto, se destruyó gran parte de la ciudad medieval y se elaboraron mitos que vinculaban a Madrid con el mundo clásico.
Esta voluntad de borrado persiste hoy en el callejero madrileño: de más de 10.000 nombres, apenas tres conmemoran el pasado islámico, mientras abundan las referencias a la «Reconquista». Además, la gestión del patrimonio en la ciudad está marcada por la especulación inmobiliaria; los hallazgos arqueológicos islámicos suelen tratarse como un «incordio» en las excavaciones de urgencia, en lugar de como una oportunidad para redescubrir este legado y, sobre todo, protegerlo.


Imágenes: ©Pedroreina
Fantasmagorías y presencia invisible
Gil-Benumeya recurre al concepto de «fantasmagoría» para explicar cómo lo islámico sigue habitando el presente de Madrid. Los «fantasmas» del pasado se manifiestan con más fuerza cuanto más se niegan. Un ejemplo claro es la Virgen de la Almudena, patrona de la ciudad, cuyo nombre deriva del árabe al-mudayna (‘la ciudadela’), o la figura de San Isidro, cuya hagiografía contiene elementos sincréticos de la tradición islámica y cristiana (para más información ver artículo «Isidro y la disputa en torno a los orígenes»).
Esta «fantasmática del moro» también se refleja en la actualidad. La inmigración magrebí contemporánea es a menudo interpretada en clave de «regreso», utilizando argumentos que guardan un parecido asombroso con los discursos antimoriscos del siglo XVI.
De la península a Abya Yala: Un colonialismo espejo
La entrevista también explora cómo este rechazo a lo islámico viajó a América (Abya Yala). Los conquistadores proyectaron en el «otro» americano el imaginario que traían del «moro». Hernán Cortés llamaba «mezquitas» a los templos de Tenochtitlán (México), evidenciando que el islam era su principal referente de alteridad.

Gil-Benumeya destaca la conexión entre la «limpieza de sangre» en la península y el sistema de castas colonial, sugiriendo que ambos procesos de colonialidad interna y externa se reforzaron mutuamente. La «desmemoria colonial» en España es, según el investigador, tan profunda como el olvido de su pasado islámico.
Hacia una pedagogía de la alteridad
En relación al «peligro de la historia única» del que habla la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, Gil-Benumeya propone usar la historia no para excluir, sino para realizar una pedagogía de la alteridad. La identidad no debe entenderse como algo estático o binario, sino como un proceso complejo y cambiante.
El autor rechaza la idea de «mestizaje» como algo excepcional que mezcla naturalezas que deberían estar separadas. En su lugar, propone que lo complejo y lo contradictorio es lo que realmente nos constituye. Recuperar el relato islámico de Madrid no es solo un ejercicio académico; es una herramienta para intervenir en el presente y combatir la islamofobia y el racismo, que se alimentan de la ficción de una Europa histórica y coherentemente blanca y cristiana.
Conclusión: El paraíso de la multiplicidad
En este sentido, el autor rescata la visión del místico murciano Ibn Arabi, quien afirmada que «lo real se manifiesta de modos diversos y contradictorios, y que es necesario aprender a verlo bajo sus diferentes formas». Aceptar que Madrid es, en su raíz, una ciudad compleja e indeterminada nos permite abandonar las falsas certezas y cultivar una apertura constante hacia el diálogo y la creación de nuevas formas de convivencia. En definitiva, recuperar la memoria de Maŷrīṭ es una herramienta necesaria para intervenir en el presente y construir una sociedad más justa y plenamente consciente de su propia pluralidad.
- Daniel Gil-Benumeya(Marruecos, 1970) es investigador y profesor de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense de Madrid, coordinador del Centro de Estudios sobre el Madrid Islámico, perteneciente a la Fundación de Cultura Islámica e investigador sobre la cuestión de la islamofobia.
- Asunción Molinos Gordo (España, 1979) es artista conceptual e investigadora cultural.
- Andrea Pacheco González (Chile, 1970) es investigadora, curadora y docente. Directora de FelipaManuela.
Entrevista publicada originalmente en: Pacheco González, Andrea, y Lorenzo Sandoval (eds.), Sombras ocultas en el tiempo, Madrid, FelipaManuela Ediciones, 2022.
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