Los manuscritos árabes de El Escorial, su organización y estudio

Libro de las utilidades de los animales

Aurora Cano Ledesma

Nota editorial: este artículo fue publicado originalmente en 2011, en el libro De Maŷrit a Madrid: Madrid y los árabes, del siglo IX al siglo XXI, ed. de Daniel Gil-Benumeya, Madrid: Casa Árabe/Lunwerg, 2011. Lo reproducimos aquí en homenaje a su autora con motivo de su fallecimiento, el 9 de noviembre de 2020, incluyendo las ilustraciones y comentarios a las mismas que la autora facilitó.

Aurora Cano Ledesma fue profesora titular de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid, y entre su trabajo está la indización de los manuscritos árabes de El Escorial, cuya historia resume en este artículo.

El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, erigido bajo el auspicio de Felipe II, constituye para Madrid un referente de interés primordial en múltiples facetas, donde destaca el tesoro bibliográfico que atesora su famosa biblioteca, sobre todo el concerniente a los fondos árabes. El monarca, en la Carta de fundación y dotación otorgada a 22 de abril de 1567, decide crear, cerca de Madrid, sede permanente de su corte, un conjunto arquitectónico que albergaría basílica, panteón real, hospital, seminario, colegio de artes y sagrada teología y una biblioteca. Aunque en la citada carta de fundación no insiste el rey en la importancia de la biblioteca, sí lo hará en posteriores documentos, pese a que algunos humanistas de la corte, como Juan Páez de Castro, le proponían que la biblioteca se ubicara en alguna ciudad universitaria, como Valladolid, Salamanca o Alcalá de Henares.

Sobre el objetivo e interés del monarca para fundar y proveer una magnífica biblioteca en un lugar alejado de la Corte, sin ser centro universitario, se puede deducir una hipótesis al leer la carta que Felipe II dirige a Francés de Álava (embajador en Francia) el 28 de mayo de 1568:

Holgaré que de ahí se tomen todos los libros más raros y exquisitos que pudiera haber, que es una de las principales memorias que aquí se pueden dexar, assí para el aprovechamiento de los religiosos que en esta Casa hubieren de morar, como para el beneficio público de todos los hombres de letras que quisieren venir a leer en ellos […].[1]

El monarca ordenó a sus colaboradores (hombres de letras y embajadores) la adquisición de tanto de manuscritos como de obras impresas que enriquecieran la biblioteca o librería, de forma que fuera única en el mundo; así lo hicieron embajadores como Diego  Guzmán de Silva (Venecia), Francisco de Zúñiga (Roma), Francés de Álava (Francia) y humanistas como Benito Arias Montano (Flandes), Ambrosio de Morales (León, Galicia, Asturias), etc.

El ingente esfuerzo de Felipe II por dotar a la Biblioteca Laurentina de esos magníficos fondos es reconocido, entre otros autores, por Gregorio de Andrés: «A Felipe II  cabe la gloria de reconocer el valor científico de la cultura árabe, al coleccionar toda clase de códices procedentes del mundo musulmán, como le aconsejaba Arias Montano».[2]

Recepción de fondos: Fondo Árabe Primitivo y Fondo Árabe Moderno

Libro de las utilidades de los animales de Ibn al-Durayhim, cuyo inicio falta, redactado en grafía oriental, ilustrado con miniaturas de vivos colores sobre fondo de oro, representando a los animales con gran precisión y exactitud, como se aprecia en este folio 82r sobre el pavo real; copia de 775 H./1354 E. C. (Existe una traducción latina en el códice i.iii.18 realizada por David Colville hacia 1625.)

La primera piedra del monasterio fue colocada el 23 de abril de 1563 y en enero de 1565 comienzan a llegar los fondos para la biblioteca «[…] para que estudien los predicadores […] y para el Colegio si en él hubiese de haber Librería […]».[3] En este manuscrito encontramos una relación de fondos donde figuran dos obras en árabe; el 7 de octubre tiene lugar la batalla de Lepanto, de cuyo botín vienen al monasterio unos veinte códices en árabe, persa y turco, como el célebre Alcorán.[4]

En 1573, desde Lisboa, viene una remesa de libros, según se desprende de la carta que el embajador Juan de Borja, encargado de las gestiones, envía al monarca: «[…] también lleva dos baúles, el uno de lenguas desacostumbradas, para la librería de San Lorenzo el Real, por ser cosa pelegrina […]».[5]

En 1575 se agrupan los fondos dispersos en lugares como la Fresneda o en celdas de los religiosos, sacristía, etc., constituidos por obras particulares del monarca y los adquiridos por su mandato, alcanzando una cifra de 2820 códices y 1700 impresos. La entrega material de la librería se lleva a cabo el 26 de junio de 1575.

Tras la entrega real se adquiere la magnífica biblioteca de Diego Hurtado de Mendoza, embajador en Italia; la fórmula de compra es la de condonación de la deuda de su propietario y herederos para con la hacienda pública, que era de 80 000 ducados. El inventario de estos fondos se perdió en el incendio de 1671, pero fue encontrada una copia en la biblioteca municipal de Besançon, aunque no es la única forma de identificación de los mismos, ya que aparece la inscripción «De Dº de Mendoza» con diversas ubicaciones en los manuscritos; el fondo de los manuscritos árabes es de 263 códices, sobre teología, historia, derecho, medicina, gramática y «superstición mahometana».

La siguiente entrega de libros, el 26 de mayo de 1582, procede de la Inquisición de Granada, en número de 32 volúmenes, la mayoría de «ceremonias de los moros», tres de medicina y uno de astrología.[6]

Cerrando el Fondo Árabe Primitivo llega al monasterio la biblioteca de Benito Arias Montano, humanista que realizó una importantísima labor como bibliotecario mayor del monasterio, el 8 de mayo de 1599, cuando fueron entregados 34 manuscritos hebreos, seis griegos y 26 árabes.

Bello ejemplar del Corán llamado de Muley Cidán (Mūlay Zaydān), redactado en grafía oriental. Los títulos de las azoras están en cúfico en oro sobre fondo azul, tinta negra para las consonantes y roja para las vocales. Este folio 264r, en letra de oro sobre fondo azul, contiene los datos de lugar y fecha de la copia: Marrakech, 1008 H./1599 E. C.

A comienzos del siglo XVII se inicia el corpus denominado Fondo Árabe Moderno, fundamentalmente formado por la biblioteca de Mūlay Zaydān y la del conde-duque de Olivares.

El apresamiento del navío Nuestra Señora de la Guardia, donde se fletaba la célebre biblioteca desde Safi hasta Agadir, sucedió en mayo de 1612; estos fondos fueron transportados a Madrid, donde  los revisó y clasificó Francisco de Gurmendi, después se llevaron a El Escorial por orden de Felipe III (en calidad de depósito) unos 3975 manuscritos, esperando para su devolución a que el sultán diera libertad a todos los cristianos cautivos.[7]

La mayoría de estos códices llevan, en el recto del primer folio, la marca de los sultanes sa‘díes escrita en tinta de oro o crisográfica.

La última biblioteca llevada al monasterio fue la de Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, con unos mil códices de distintas lenguas en el año 1656; parece que el objetivo del conde-duque fue atesorar una biblioteca tanto o más notable que la de El Escorial y, así, emular a Felipe II. Los fondos de esta biblioteca estaban formados por los de la de Jerónimo de Zurita, de Honorato de Juan, obispo de Osma y de varios monasterios y catedrales.

Estos sucesivos incrementos de los fondos escurialenses se vieron mermados considerablemente por diversos acontecimientos, tales como los incendios y la guerra de Independencia. El incendio que más estragos ocasionó fue el de 1671, sobre todo en el fondo de manuscritos; los sucesos de este acontecimiento quedaron recogidos en las Memorias de los sucesos ocurridos después del incendio de 1671 en El Escorial, por fray Juan de Toledo, documento conservado en el legajo 143 del Archivo General del Palacio Real, sección Escorial. El inicio del incendio el 7 de junio de 1671, en la chimenea del colegio donde se quema el hollín, los diversos momentos del desarrollo del incendio, la aparente extinción del fuego del colegio, cómo se reaviva, saltando de una zona a otra, imposible de atajar, pasando al seminario y al palacio de los reyes, todos los momentos son minuciosamente relatados por fray Juan de Toledo. Julián Zarco comenta que «en la biblioteca de manuscritos fenecieron cuadros, mesas, objetos de arte y ciencia, y muchos y rarísimos códices […], unos seis mil manuscritos de todas lenguas y facultades se quemaron […]»[8] Se calcula que perecieron unos 2500 códices árabes, a pesar de haber sido colocados en el claustro principal; las huellas de tan terrible episodio son visibles en algunos códices que se pudieron salvar, presentando zonas ennegrecidas por el humo o bien manchas de humedad, como consecuencia del agua vertida para sofocar el incendio.

Tratado de astronomía de Ŷābir b. Aflaḥ al-Išbīlī (el Geber del medioevo, confundido en ocasiones con Ŷābir b. Ḥayyān, el alquimista). La copia ápoda, no datada, de grafía magrebí, es un resumen del Almagesto de Tolomeo.

La guerra de Independencia es otro episodio que tuvo nefastas consecuencias para el monasterio y para la biblioteca, ya que ésta fue trasladada íntegramente a Madrid, quedando sellada el 20 de agosto de 1809.[9] El orientalista José Antonio Conde fue encargado del traslado, quedando depositados los fondos en el convento de la Trinidad. Por decreto de Fernando VII, en el año 1814 fueron devueltos al monasterio.

Proyectos de catálogos y/o inventarios

Antonio Gracián Dantisco, secretario real de Felipe II, compuso el primer catálogo de fondos árabes, aunque propiamente habría que decir que se trata de un inventario, donde figuran 53 volúmenes, sin ninguna signatura.

En el documento de entrega de 4546 volúmenes de obras impresas y manuscritas donadas a los jerónimos por Felipe II, el 2 de mayo de 1576, podemos encontrar un auténtico catálogo, por la riqueza de datos que incluye.

En este recorrido cronológico por los proyectos de catalogación se debe resaltar la figura del humanista Benito Arias Montano, primer bibliotecario de El Escorial, quien desde el 1 de marzo de 1577 hasta abril de 1592 residió temporalmente allí, clasificó y separó los manuscritos de los impresos, también enseñó hebreo y griego a muchos monjes jerónimos; fruto de esta actividad fue un catálogo en tres tomos, del que se conserva la segunda parte en la signatura X.I.17 bajo el título Catálogo de los libros de mano de la Librería de San Lorenzo por mandado de su Majestad. Año de 1577. Esta es la segunda parte.

Guillermo Dámaso Lindano, holandés, obispo de Roremunda, hizo varios índices en 1579 sobre manuscritos griegos, hebreos, árabes y latinos, dispuestos por orden de materias, como el de Arias Montano de 1577, que le sirvió de base.

Compilación de fábulas y apólogos de Ibn Zafar al-Ṣiqillī, autor árabe de origen siciliano (siglo XI). El valor de este códice, redactado en grafía magrebí y sin data, radica en las 47 miniaturas que lo ilustran, probablemente obra de un morisco español del siglo XVI, con temas moriscos y cristianos; en este folio 79v se aprecia el realismo del ilustrador en los detalles de la indumentaria femenina, tejidos, orfebrería, etc.

El padre José de Sigüenza sucede a Benito Arias Montano en el cargo de librero mayor, realizando una labor de reordenación de los volúmenes y compuso dos catálogos, uno de nombres propios y otro de disciplinas, que se encuentran en el ms. esc. H.I.7.[10]

El más completo catálogo primitivo de El Escorial es el Índice de los libros arávigos que están en la librería de S. Lorenzo el Real, por el alphabeto arávigo. Es un catálogo bilingüe, castellano-árabe, incluido en el ms. esc. H.I.7, compuesto por Diego de Urrea en 1598, que era arabista de Alcalá de Henares, dio clases de árabe a religiosos de El Escorial, como se deduce del memorial que dirigió a Felipe III, pidiéndole aumento de sueldo.[11]

David Colville, intérprete de árabe con Felipe III, llegó a la Biblioteca Laurentina en 1617 y trabajó diez años en la catalogación de manuscritos, labor que se plasma en el ms. esc. H.I.11, con el título Raçon de lo que ay en la librería principal.

Siendo bibliotecario el padre Antonio de San José llegó a El Escorial Miguel Casiri, en el año 1749, durante el reinado de Fernando VI, quien, por indicación del P. Rábago —que había sido maestro de Casiri en Roma—, encargó al sacerdote maronita la tarea de catalogar los fondos manuscritos árabes. En ese año elabora Casiri el Index librorum manuscriptorum orientalium y, diez años más tarde, vuelve a El Escorial donde culmina su proyecto de catalogación de fondos árabes que es conocido por su título abreviado Bibliotheca Arabica-Hispana Escurialensis y que sigue así: sive Librorum omnium Mss. quos Arabice ab auctoribus magnam partem Arabo-Hispanis compositos Bibliotheca Caenobii Escurialensis complectitur, recensio et explanatio Opera & studio Michaelis Casiri Syro-Maronitae, Presbyteri, S. Theologiae Doctoris, Regis ā Bibliotheca, linguarumque Orientalium interpretatione: Caroli III. Regis Opt. Max. auctoritate atque auspiciis edita, obra publicada en dos tomos, en los años 1760 y 1770, finalizando en el ms. número 1851 (actual ms. número 1856); todo el catálogo está redactado en latín, con notas de los nombres de autores y obras.[12]

Manuel Carnicero y Weber compone en 1859 un inventario donde se reproducen los datos que se encuentran al principio o al final de los mss. árabes, en latín; el título de esta obra es Inventario general de la Biblioteca del Real Monasterio  de San Lorenzo del Escorial, mandado hacer por Real Orden de 11 de agosto del presente año de 1859, al Bibliotecario Mayor de S.M. don Manuel Carnicero y Weber. Se compone de tres tomos: primero y segundo para impresos y el tercero es para manuscritos, monedas, muebles, enseres y cuadros.

Dīwān de Abū l-Ḥasan al-‘Aqīlī, de grafía oriental y copia no datada. En este folio 1r se puede apreciar el tipo de ornamentación de que hicieron gala los calígrafos árabes al disponer de toda la extensión del folio.

Tras ser suprimida la venerable corporación laurentina de los Jerónimos en noviembre de 1837, por decreto de 14 de enero de 1875 se devuelve el Monasterio de El Escorial al Real Patrimonio; en ese año fue encargado de la biblioteca el sacerdote polaco Félix Rozanski, que cotejó los impresos y manuscritos con el inventario de Carnicero y Weber de 1859, revisó los manuscritos, formó códices con hojas sueltas y trasladó la sala de lectura de invierno a la denominada sala de Juanelo, la actual sala de investigadores. En 1884 cesa en su cargo y su labor queda plasmada en la obra Relación sumaria de los códices y manuscritos del Escorial, publicada en Madrid, en 1888.

Por Real Orden de Alfonso XII, de 12 de octubre de 1885, fue entregada la Biblioteca de San Lorenzo a los Padres Agustinos.

En este recorrido cronológico de catálogos y/o inventarios de los fondos árabes escurialenses cabe incluir la obra Notas para el estudio y arreglo de los mss. árabes del Escorial, de Francisco Codera Zaidín [ms. esc. autógrafo 141.III.6., ff.1-154], muy útil para restituir las hojas sueltas de las carpetas legajos a sus códices correspondientes.[13]

Este recorrido cronológico finaliza con la obra que se cita siempre por su iniciador: Hartwig Derenbourg, el catálogo de título Les manuscrits arabes de l’Escurial. En el tomo I el autor describe 708 manuscritos sobre gramática, retórica, poesía, filología, literatura, lexicografía y filosofía con la actual signatura de cada uno de ellos. La muerte truncó el proyecto de su autor, ya que solamente llegó a publicar el fascículo primero, dedicado a moral y política, en el año 1903.

Los fascículos restantes del tomo II los elaboró H. P. J. Renaud, utilizando las fichas bibliográficas previas de Hartwig Derenbourg. Catalogó los manuscritos de medicina, historia natural, ciencias exactas y ocultas, y fueron publicados en el año de 1941. El tomo III fue realizado por Évariste Lévi-Provençal, que también utilizó las fichas bibliográficas de H. Derenbourg, esta vez sobre los manuscritos de teología, geografía e historia, y fue publicado en 1928. Como la obra finaliza en el manuscrito número 1852, quedan fuera del catálogo francés los cuatro últimos manuscritos catalogados por Casiri y todos los números superiores a ellos. Ya precisa Lévi-Provençal en su introducción al tomo III que quedaba por publicar el final del tomo II y un último tomo, el IV, abarcando los índices detallados de todo el catálogo y las noticias de los legajos no inventariados por Casiri (números 1853 al 1952); esta afirmación es correcta, pues el tomo II apareció trece años más tarde que el III, aunque en el mismo no se incluyeron los manuscritos de derecho, que fueron catalogados, parcialmente por Georges Vajda y del resto se ha ocupado Mercedes García-Arenal.

La laguna ya señalada por Lévi-Provençal, la falta de unos índices que facilitasen la rápida consulta del catálogo, encontrada al ser usuaria del mencionado catálogo, nos hizo reflexionar sobre la necesidad de los mismos, puesto que al buscar una obra determinada se tropezaba con el problema de localizar el manuscrito en el que se encontraba incluida.

Tratado de cirugía de Abū l-Qāsim al-Zahrāwī (el Abulcasis del medioevo), titulado Al-Taṣrīf, que fue manual de medicina en universidades europeas hasta el siglo XVII en la versión latina de Gerardo de Cremona. El valor intrínseco de esta obra reside tanto en el contenido científico como en la incorporación de ilustraciones de instrumental quirúrgico (algo inusual en la época de este médico cordobés muerto en 1013), como se aprecia en los folios 10r (erina y tijeras), 19r (ortodoncia) y 37r (tijeras). Perteneció este códice a Diego Hurtado de Mendoza.

Las fuentes utilizadas para llevar a cabo este proyecto han sido los catálogos de Casiri, Derenbourg y el cotejo con los manuscritos, corroborando la descripción de Derenbourg o bien rectificándola, fruto de esas comprobaciones son el apartado de «acotaciones». La metodología aplicada ha consistido en elaborar los índices alfabéticos: títulos, autores, referencias de autores, autores anónimos, traductores y contenidos (donde englobamos a aquellos manuscritos que son fragmentos acéfalos de obras conocidas o bien cuyo título y/o autor se desconoce).

El proyecto comentado ha quedado plasmado en la obra Indización de los manuscritos árabes de El Escorial, en tres tomos, publicados en 1996, 1997 y 2004 respectivamente (Real Monasterio de El Escorial).[14]

***


Notas

[1] Guillermo Antolín, Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia en la recepción pública del P. Fr. Guillermo Antolín y Pajares O. S. A., el día 5 de junio de 1921. Tema: la Real Biblioteca del Escorial, San Lorenzo de El Escorial (Madrid): Imprenta del Real Monasterio, 1921. [volver]

[2] Gregorio de Andrés, La Real Biblioteca de El Escorial, Madrid: s. n., 1970. [volver]

[3] Ms. Esc. K.I.19, ff. 61r-61v. [volver]

[4]Cf. Gregorio de Andrés, op. cit., pág. 37. [volver]

[5] Cf. Gregorio de Andrés, «Los libros chinos de la Real Biblioteca de El Escorial». Missionalia Hispánica, vol. XXVI, 1969, págs. 118-120. [volver]

[6]Cf. C. Ron de la Bastida, «Manuscritos árabes en la Inquisición granadina», Al-Andalus, vol. XXIII, núm. 1, págs. 210-213. [volver]

[7] Cf. (entre otros): Évariste Levi-Provençal (ed.) en Hartwig Derenbourg, Les manuscrits arabes de l’Escurial, t. III. Théologie. Géographie. Histoire, París: Librairie orientaliste Paul Geuthner, 1928, págs. 5-6; Guillermo Antolín, op. cit., págs. 60-64, y Gregorio de Andrés, op. cit., pág. 39. [volver]

[8] Julián Zarco, Catálogo de los manuscritos castellanos de la Real Biblioteca de El Escorial, t. I, San Lorenzo de El Escorial (Madrid): Imprenta del Real Monasterio, págs. LXXI-LXXII. [volver]

[9] Ibídem, págs. CII-CIII. [volver]

[10] Ibídem, págs. XLVI-XLVII. [volver]

[11] Braulio Justel Calabozo, La Real Biblioteca de El Escorial y sus manuscritos árabes: sinopsis histórico-descriptiva, Madrid: Instituto Hispano-Árabe de Cultura, 1978. [volver]

[12] Ibídem, págs. 227-234. [volver]

[13] Ibídem, pág. 236. [volver]

[14] Aurora Cano Ledesma, Indización de los manuscritos árabes de El Escorial, San Lorenzo de El Escorial: Ediciones Escurialenses (tomo I, 1996; tomo II, 1997; tomo III, 2004). [volver]

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