El Mayrit medieval y el parque del Emir Mohamed I

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La FUNCI, en el marco de su recién creado Centro de Estudios sobre el Madrid Islámico (CEMI), está realizando una serie de actividades para divulgar el Madrid andalusí, mudéjar y morisco. Entre ellas cuentan las visitas guiadas al parque del Emir Mohamed I.

PROYECTO MUNICIPAL DEL PARQUE EMIR MOHAMED I

El diseño del parque del Emir Mohamed I, situado a los pies de la muralla árabe, tal y como hoy puede verse, data de una intervención municipal de 2010-2011. Fue entonces cuando se pavimentó la explanada, dando una forma de estrella al conjunto, y se decoró con una fuente central, en un intento de emular los jardines de estilo andalusí. Se amplió también en esa fecha la superficie dedicada a los jardines, con nuevas plantaciones, y se actuó sobre el cerramiento perimetral y las pasarelas que servían de miradores de la muralla, protegiendo así el conjunto.

Las obras fueron promovidas por el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid y financiadas por el Plan E de Inversión Local, del Gobierno de España.

ALGO DE HISTORlA 

En realidad, el parque del Emir Mohamed I fue creado a finales de la década de los ochenta, durante el mandato del alcalde Juan Barranco, con objeto de adecuar y adecentar el entorno inmediato de la muralla musulmana y permitir su visita. En aquella época, no era infrecuente asistir a espectáculos nocturnos organizados en la explanada, que sin embargo, no estaba cerrada al público ni vallada.

Fue el punto culminante de un largo proceso que se inició en los años cincuenta, cuando buena parte de los restos que hoy se exhiben quedaron al descubierto, al derruirse el palacio de Malpica, que había sido construido sobre la propia muralla, que utilizó a modo de cimiento. La muralla árabe fue declarada Patrimonio Histórico Artístico en 1954. Hubo que esperar sin embargo bastante tiempo para acometer los trabajos arqueológicos, con diferentes campañas de excavación (de 1972 a 1975 y en 1985) y, finalmente, las tareas de restauración y consolidación, llevadas a cabo entre 1987 y 1988. Y después llegaron el abandono y su consecuente deterioro.

En 2016, se materializaba finalmente el proyecto de restauración de la muralla, a cargo del Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid. Resulta asombroso que estos vestigios hayan llegado hasta nuestros días, habida cuenta del desprecio que, históricamente, han mostrado las autoridades hacia el patrimonio histórico-artístico. A modo de ejemplo diremos que un importante tramo de muralla fue arrasado impunemente hacia 1960, para levantar sobre él el actual edificio ilegal de viviendas de la calle de Bailén, número 12. Los pocos restos que no se destruyeron se encuentran abandonados en el garaje del inmueble, en un estado lamentable.

ADECUACIÓN DEL PARQUE DEL EMIR MOHAMED I POR PARTE DE FUNCI

El parque del Emir Mohamed I está situado en la Cuesta de la Vega, junto a la Catedral de la Almudena, y cerca del viaducto de Madrid. En él se encuentra integrada la muralla musulmana de Madrid del siglo IX, la construcción en pie más antigua de la ciudad. Actualmente, y en el marco de su recién creado Centro de Estudios sobre el Madrid Islámico (CEMI), la Fundación de Cultura Islámica está trabajando en la adecuación de un espacio ajardinado de inspiración andalusí en colaboración con el Ayuntamiento, a través de un convenio de colaboración firmado con La Dirección del Área de Agua y Zonas Verdes.

Se trata de un proyecto de transformación progresiva del parque Emir Mohammed I, que irá cambiando su fisonomía, según las hipótesis de trabajo que nos indican cómo debió ser el paisaje extramuros de la época. Al tiempo, se irán aclimatando más especies vegetales propias de aquel periodo, con sus correspondientes descripciones y explicaciones históricas y etnobotánicas.

En la actualidad, la FUNCI está realizando una serie de visitas guiadas al mismo, para explicar la historia evolutiva de este parque y las sucesivas intervenciones realizadas en la muralla árabe que está a sus pies. Igualmente, ha FUNCI ha señalizado las plantas existentes en el mismo y aclimatadas por el Ayuntamiento de Madrid, acompañándolas de una pequeña reseña histórica y etnobotánica.

MAYRIT, EL MADRID ISLÁMICO

Madrid, la capital de España, es la única capital de origen arabo islámico de Europa. Su propio nombre es un híbrido de árabe y romance: mayrit, cuyo significado alude a los abundantes cauces de agua que recorren el solar de la ciudad. Sin embargo, este hecho ha sido ocultado de manera sistemática, sobre todo desde que Felipe II decidiera convertirla en sede permanente de su corte.

Mayrit fue fundada como ciudad por el emir omeya Mohamed I entre los años 853 y 865. Surgió como una fortaleza y una pequeña población situada en los altozanos del valle del Manzanares, con el objetivo de defender la Marca Media de los ataques cristianos y controlar a los rebeldes de Toledo y otras zonas de la frontera en un momento de gran inestabilidad política. Es decir, que se trataba de una ciudad modesta de carácter defensivo y fronterizo.

Así la describió el célebre historiador del s.XV al-Himyari en su obra Kitab al-rawd al-mitar (Libro del jardín fragante):

“…Es Madrid una ciudad pequeña y una fortaleza bien defendida. Tuvo en tiempos del Islam una mezquita aljama donde regularmente se pronunciaba el sermón. Está cerca de Toledo”.

Este autor también se refiere a la importancia de su castillo.

Madrid

De hecho, al ser una plaza fortificada, Madrid atraía a numerosos sabios y místicos que deseaban practicar el ribat (o rábita). Se trataba de una práctica entre militar y ascética que consistía en alojarse temporalmente en una ciudad fronteriza, participar en la defensa de las fronteras del Islam, y vivir de una manera frugal, al modo de los soldados. Esto hizo que hacia ella se acercaran personajes relevantes de la ciencia y la cultura, como fue el caso del sabio y asceta Abu Omar al-Talamanki (s.X), nacido en Talamanca y formado en Córdoba. Otra de las figuras relevantes de Mayrit fue el célebre Maslama al Mayriti, el madrileño, que fue uno de los astrónomos y matemáticos más reputados de su tiempo (ss.X-XI). Fue autor, entre otras cosas, de un tratado sobre el astrolabio esférico.

Los restos de época islámica se sitúan en su mayoría en el centro histórico de Madrid, en torno a la catedral de la Almudena, la Cuesta de la Vega, la calle Mayor y el Palacio de Oriente, siendo la muralla el más reseñable y antiguo, aunque también se han conservado restos de silos, así como de estructuras hidráulicas. Las técnicas de captación de agua traídas de Oriente, los qanats, o canales subterráneos, comenzaron a desarrollarse en esta época y son el origen de la amplia red conocida como “viajes de agua”, que abastecieron a Madrid a lo largo de grandes recorridos durante siglos, hasta la construcción del Canal de Isabel II, y que aún se conservan parcialmente.

Ya de época posterior, perviven en Madrid diversos monumentos, tanto religiosos como civiles, de estilo mudéjar, construidos por alarifes musulmanes tras la conquista cristiana, que se produjo en 1083 por las tropas del rey de Castilla y León, Alfonso VI. Entre ellos destacan la iglesia de San Nicolás de Bari, puede que la más antigua de la capital, así como la de San Pedro el Viejo, ambas en el casco histórico.

LA VIDA COTIDIANA Y EL PAISAJE

La agricultura era la base económica de la ciudad. De hecho, los abundantes silos que existían atestiguan la abundancia de las cosechas y de la producción agraria. También se desarrollaron algunos oficios tradicionales cuya reputación ha trascendido hasta la actualidad, como son la alfarería y la cerámica. Se sabe, además, a través de los restos arqueológicos, que se tejía y que existía una industria del metal.

Desde un punto de vista del paisaje, lo interesante de Mayrit era que naturaleza y vida urbana estaban estrechamente relacionadas e interconectadas, a diferencia de las ciudades cristianas. Y ello, tanto intramuros como extramuros. Los huertos se extendían feraces por los arrabales y la medina, así como por el Campo del Moro y en torno al río Manzanares. Según los estudios de polen llevados a cabo por el arqueólogo Manuel Retuerce, entre los cultivos constaban la cebolla, el ajo, el melón y distintas leguminosas, además de frutales como cerezos, ciruelos, manzanos e higueras.

Las aguas del Jarama y el Manzanares convertían el entorno de Madrid en un paisaje boscoso y húmedo, de clima más benigno que el actual, con tierras fértiles para el cultivo y una fauna variada, entre la que no faltaban osos y jabalíes.

Según Manuel Retuerce, las formaciones boscosas naturales estaban compuestas por bosques mixtos o núcleos adehesados de encinares, rebollares, quejigares, alcornocales, robledales y enebrales. En las zonas más húmedas, los castañares, y en las zonas más frescas y umbrosas, los tilos. Los abedules y alisos, necesitados de una mayor humedad en los suelos, junto con los olmos, se extendían por las vegas, mientras que en las riberas de los ríos crecían fresnos, así como sauces y álamos.

LA MURALLA ANDALUSÍ DE LA CUESTA DE LA VEGA

El tramo de muralla de la Cuesta de la Vega, también conocida como Muralla árabe, formó parte del recinto defensivo que rodeaba el Madrid andalusí. Tanto la ciudad como dicha muralla se datan a fines del siglo IX, en época del emir omeya de Córdoba, Muhammad I.

La parte conservada de esta muralla se localiza en el ángulo suroeste del recinto, junto a la llamada Puerta de la Vega, que comunicaba Madrid con el río Manzanares. De esta, aún se pueden ver las hiladas más bajas de su estructura, en la parte más alta de un carrete, junto a la curva de la Cuesta de la Vega.

La muralla, de la que todavía se puede contemplar una parte importante de su alzado original, de entre cuatro y siete metros de altura, con un espesor de unos dos metros y medio, tiene 200 metros de longitud. Con una dirección Oeste-Este, se extiende desde la Puerta de la Vega hasta el Viaducto. Continuaría por debajo del Palacio de los Consejos, para desde allí girar en ángulo recto y enlazar con la Puerta de la Mezquita o de la Almudena.

El tramo de muralla, que se ha conservado gracias a su adaptación al terreno en una pequeña vaguada, consta de varias torres cuadrangulares de flanqueo, con escaso saliente respecto a la línea defensiva. En su origen, toda la muralla se levantó con grandes sillares de pedernal, o silex (el único caso que se conoce), de mejor calidad en la cara exterior que en la interior. Con posterioridad, ya en el siglo X y ante un posible deterioro que se ha atribuido al ataque de Ramiro II de León a Madrid, la parte superior de la cara externa se forró con sillares de caliza aparejados a «soga y tizón». A la izquierda y junto a la torre que mejor se ha conservado de la muralla se puede ver un portillo por el que se podría salir a la vaguada y al vallejo de la hoy calle de Segovia.

ENSEÑAS Y HERÁLDICA DE LA VILLA DE MADRID

Desde el punto de vista de la heráldica y los emblemas, tenemos referencia de que hacia el siglo XII Madrid se representaba mediante un pedernal sumergido parcialmente en agua con dos eslabones a los lados entrelazados, que frotaban una piedra de sílex, haciendo que de esta salieran chispas, según descripción del cronista de Madrid del s.XVI Juan López de Hoyos. En torno al conjunto heráldico se situaba una inscripción en latín «Sic gloria labore» (así es la gloria del trabajo), que se completaba con la siguiente leyenda en castellano:

«Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y blasón».

La primera referencia histórica a la osa del actual escudo de Madrid data en torno al año 1212, y se halla en la enseña que las milicias de Alfonso VIII llevaron a la batalla de las Navas de Tolosa. En esta batalla aparecía la figura de un oso o una osa con siete estrellas, que hacen referencia a la constelación de la Osa Mayor, o Carro, representando al parecer la gran importancia que tuvo en Madrid la astronomía en época andalusí, así como la calidad de su cielo.

LOS PATRONES DE MADRID Y EL ISLAM

No son pocas las leyendas que han corrido a lo largo de los siglos para legitimar la cristianización de la Villa de Madrid, y ocultar o minimizar su pasado islámico. Una de las más recurrentes gira en torno a la Virgen de la Almudena, patrona de la capital. Un nombre, por cierto, procedente del árabe al-mudaina, la muralla.

Dice así la leyenda, recogida por el historiador de los ss.XVI-XVII, Jerónimo de Quintana, que en el año 712 los antiguos habitantes de Madrid, sintiendo próxima la llegada de los nuevos pobladores musulmanes, emparedaron la imagen de la virgen en la muralla para evitar su profanación. Al conquistar Alfonso VI la ciudad en el s.XI, quiso devolverla a su puesto original, y no encontrando el lugar en el que se hallaba oculta, decretó una serie de ayunos y rogativas, hasta que, al paso de la procesión por la cuesta de la Vega se derrumbó el lienzo de muralla en el que se hallaba, y apareció la imagen sosteniendo dos cirios encendidos.

Más adelante, en el siglo XIII, en plena “Reconquista” de los territorios de al-Ándalus y su consecuente cristianización, este tipo de leyendas sigue circulando y ampliándose. Destaca así la que vincula a “El Cid Campeador” (del árabe sidi, señor), Rodrigo Díaz de Vivar, con la reconquista de Mayrit y la aparición de la Virgen de la Almudena, quien le encomienda la toma de la ciudad. Al acercarse Rodrigo a la imagen, se derruye parte de la muralla, permitiendo su acceso y esta supuesta reconquista.

SAN ISIDRO LABRADOR

Lo que conocemos de San Isidro, cuya beatificación y nombramiento como patrón fue promocionado por Felipe II cuando trasladó la corte a Madrid, proviene de la tradición oral en la que confluyen mitología y realidad. Entre los 400 milagros que se atribuyen a este santo, figura el milagro póstumo de guiar a las tropas de la batalla de las Navas de Tolosa contra los musulmanes, afianzando al santo como icono del cristianismo en la época de la Reconquista. Sin embargo, investigaciones recientes ponen en duda el origen mozárabe de San Isidro, alegando incoherencias encontradas en las diferentes versiones de las crónicas existentes, como el Códice de Juan Diácono, donde se han identificado contradicciones, y cuya información no está basada en datos fidedignos procedentes de los registros históricos del periodo medieval.

La historiadora Matilde Fernández Montes, en un estudio pormenorizado sobre la figura de San Isidro en el códice de Juan Diácono -también conocido como Códice de San Isidoro-, en el que la compara con las biografías de santos musulmanes de la época, afirma que solo se puede verificar que se ha documentado en el siglo XIII la historia de una figura más bien legendaria, que supuestamente existió un siglo antes, y que podría incluso ser anterior, cuya existencia se transmitió solamente por tradición oral.

En ese periodo histórico, los santos cristianos se ajustaban al perfil de eclesiásticos o de hombres de familia noble cuyos milagros se vinculaban a un estado estático de oración. En cambio, los santos musulmanes, en especial de origen bereber, o amazigh, procedían de la clase trabajadora, y los milagros estaban relacionados con sus actividades laborales. La figura de San Isidro, hombre laico y casado, de origen popular, que alcanza la santidad a través de milagros de naturaleza agrícola, ha sorprendido a investigadores e historiadores, que han identificado en él características propias de la religión islámica.

Así mismo, la arqueología ha revelado la existencia de un barrio islámico de campesinos, de origen bereber, durante los siglos X, XI y XII, en el lugar donde fue enterrado el cuerpo de San Isidro (supuestamente Driss, en árabe). También es significativo que la zona se llamara puerta de los Moros tras la toma de Mayrit por Alfonso VI.

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